¿Por qué hasta con aspectos íntimos hay mucha gente que quiere ser viral y que todo el mundo le vea?

El otro día leía en Xataka cómo el negocio de la alfombra roja se está trasladado a Instagram: las celebrities abren parte de su intimidad a las redes sociales, los contadores de likes revientan y las marcas acaban entrando al trapo con un contrato millonario para estar en la foto. Casi parece competencia desleal para los pequeños y medianos “influencers”, esos famosillos nativos de las redes que se han construido una audiencia a base de compartir su vida y aficiones con todo el mundo.

En este artículo intentamos descascarar la psicología que se esconde detrás de ese perfil, cada vez más habitual en Internet. ¿Por qué hay usuarios compartiendo hasta los aspectos íntimos de su vida cuando otros ni siquiera se fían de publicar fotos de sus hijos?

1.- Por extroversión

¿O era por narcisismo?

Como dijo algún clásico griego, el ser humano es social por naturaleza. Las redes sociales nos permiten replicar nuestra conducta social en Internet, con todo lo que eso conlleva: aquí también estamos divididos entre extrovertidos e introvertidos. Los extrovertidos empiezan las conversaciones, forman un corro y atraen la atención. Si encima son carismáticos… bueno, ahí tenéis a los youtubers moviendo masas.

Pero algunos de estos “extrovertidos de Internet” son también un poco exhibicionistas: buscan la difusión de sus publicaciones aun a costa de su privacidad. Las razones por las que lo hacen vienen definidas en los escalones de necesidades sociales y necesidades de estima de la pirámide de Maslow:

  • Necesidad de aprobación: forma parte de la esencia de las personas, queremos que los demás nos acepten y por eso prestamos mucha atención a lo que se dice de nosotros. En las redes sociales, la aprobación son los likes y lo que se dice de nosotros, los comentarios.
  • Necesidad de pertenencia: es decir, de ser aceptado en ese círculo social o profesional que se anhela, por ejemplo el de los influencers (usuarios con muchos seguidores que son invitados a eventos y reciben regalos de las marcas).
  • Necesidad de status: convencer a los demás de que tienes una posición de liderazgo (el emprendedor que está siempre tuiteando en un aeropuerto) o de que tu nivel social es alto (véase “Anna Allen podría ser una blogger de moda”).
  • Necesidad de prestigio: el afán de “ser alguien” o de hacer algo importante. Sobresalir como motivación psicológica para realizarse como persona. En otras palabras, satisfacer nuestras necesidades más narcisistas.

Dice Tomas Chamorro en The Guardian que el narcisismo ha estado en el núcleo de los medios sociales desde el principio: MySpace fue un directorio para eternos aspirantes a estrella del pop, YouTube le dio a todo el mundo un canal de televisión, Twitter nos enganchó al concepto de tener seguidores y Tinder, bueno, es una app de ligues donde descartamos a los feos con un swipe.

«A pesar de estar más conectados que nunca, nos interesan menos los demás y más lo que piensen de nosotros» comenta este profesor de psicología de la University College de Londres. ¿Acaso las redes sociales nos han vuelto egocéntricos?

«La generación “Yo Yo Yo”. Los millennials son vagos, narcisistas titulados y todavía viven con sus padres. Por qué nos salvarán a todos». Fue portada de TIME en mayo de 2013.

Lo cierto es que los millennials son más narcisistas que las generaciones anteriores (dos tercios de los universitarios actuales tienen un nivel de narcisismo mayor que la media de hace treinta años). Y también hay variosestudioscientíficos que relacionan el uso compulsivo de las redes sociales con el narcisismo. Por haber, hasta los hay que relacionan los selfies con el narcisismo patológico.

Si tú también eres de la “generación Y”, pero no te sientes identificado con lo que estoy diciendo: es normal. Cuando estos estudios hablan de narcisismo no se refieren al trastorno narcisista de la personalidad (creerse superior a los demás) sino a unos rasgos de vanidad que son perfectamente normales, como aspirar a ser el mejor en tu trabajo o a ganar un premio.

¿Cómo casa todo esto con las redes sociales? Fácil: Facebook, Twitter, Instagram y familia sonnuevas formas —accesibles, fáciles y gratificantes— de satisfacer esas necesidadesnarcisistas. Y los millennials, simplemente, son los usuarios más asiduos a las redes sociales.

Los introvertidos también pueden ser el alma de la fiesta

Recuerdo que aprendí la diferencia entre extrovertido e introvertido jugando a Los Sims 1. Cuando creabas un personaje, te daban 25 puntos que tenías que repartir entre cinco rasgos de su personalidad; uno de ellos era la extroversión.

Resulta que los psicólogos también usan cinco rasgos para describir nuestra personalidad. Lo llaman el modelo de los cinco grandes: la apertura a nuevas experiencias (Openness), la responsabilidad (Conscientiousness), la extroversión (Extraversion), la amabilidad (Agreeableness) y la inestabilidad emocional (Neuroticism). Forman el acrónimo OCEAN, pero en inglés se los conoce normalmente como Big Five. Al igual que en Los Sims, los distintos niveles de estos factores son los que configuran nuestra manera de ser.

Y a qué viene todo esto. Si lo pensáis, hay mucha gente extrovertida que no quiere compartir su intimidad por Internet, así como introvertidos que no paran de actualizar sus redes sociales. ¿Cómo se entienden estos casos a través del modelo de los cinco grandes? Me lo explicó con dos ejemplos el psicólogo Javier Jiménez:

Si las personas extrovertidas (factor E) tienen también una alta responsabilidad (factor C), podrían tener un perfil de “celoso de su intimidad”. De la misma forma, las personas abiertas a las nuevas experiencias (factor O) podrían tener un perfil más compartidor, independientemente de su nivel de extroversión.

Creedlo: nuestro Facebook es un reflejo de nuestra verdadera personalidad

Javier, que ha trabajado en las universidades de Granada, Cambridge y Cranfield, tiene claro que nuestros perfiles sociales son un reflejo fiel de nuestra personalidad:

Hasta hace poco tiempo, no sabíamos a ciencia cierta si lo que hacíamos en Internet y en las redes sociales tenía mucho o poco que ver con cómo éramos en realidad. Ya sí lo sabemos; de hecho, hemos descubierto que nuestros datos de Facebook (por poner un ejemplo) son tan buenos o incluso mejores que cualquier test de personalidad o inteligencia para evaluar ese tipo de cosas. Si Facebook quisiera nos tendría caladísimos, como están investigando en uno de mis antiguos trabajos, el Psychometrics Centre de la Universidad de Cambridge. De hecho, no descartemos que, en efecto, nos tenga bien calados.

(Pero eso último es otro tema que da para post aparte).

Dicho esto, Facebook no es la red donde somos más narcisistas sino Twitter o Instagram. Hay dos razones. Por un lado, es algo generacional: en Twitter e Instagram están los millennials y en Facebook están sus padres. Por otro lado, está el goloso concepto de los followers: mientras que en Facebook tenemos un grupo cerrado de amigos, en Twitter o Instagram “conseguimos seguidores”. Un estudio un poco obvio concluyó que los usuarios con rasgos narcisistas tuitean más porque desean tener más followers.

2.- Por el entorno

Los nuevos valores. En busca de la notoriedad

En las redes sociales, el engagement simboliza la popularidad. No es fácil conseguir una audiencia para nuestras publicaciones, pero está al alcance de cualquiera con una conexión a Internet. Para algunos no significará nada y otros pondrán muchos hashtags en Instagram con el fin de tener más “me gustas”, pero el mundo seguirá girando como hasta ahora para ellos porque esto no es algo malo.

Sin embargo, algunas personas se obsesionan con esa notoriedad y alcanzan niveles de psicopatía. Son los que convierten su vida privada en el centro de sus perfiles sociales (y no paran de actualizar su estado). Necesitan mostrar a sus contactos una vida plena e idealista, así que primero estudian todo lo que van a compartir, y después se sienten felices si la respuesta ha sido buena o tristes si no han tenido éxito.

Podríamos decir que es un mecanismo de ostentación sin más (de toda la vida los ha habido fardones), pero la realidad es que para muchos es una forma de experimentar, a través de la notoriedad, ese prestigio que en otros entornos no serían capaces de levantar.

Internet es un ecosistema muy permisivo para estas cosas; ya hemos visto que el narcisismo es un valor en alza gracias a las redes sociales. La pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué valoramos el individualismo en un mundo tan globalizado?

Hay quien señala a la televisión. En la Universidad de California hicieron una encuesta para probar que la TV actual nos hace desear la fama por encima de otros valores. Para ello pidieron a los participantes que repasaran los programas más populares entre preadolescentes de las últimas cinco décadas y luego puntuaran una serie de cualidades para saber qué valores les habían transmitido.

Los programas eran estos:

  • 1967: “El show de Andy Griffith” y “El show de Lucy”
  • 1977: “Laverne & Shirley” y “Días felices”
  • 1987: “Los problemas crecen” y “ALF”
  • 1997: “Sabrina, cosas de brujas” y “Yo y el mundo”
  • 2007: “American Idol” y “Hannah Montana”

Y los resultados obtenidos, tras describir un episodio de cada programa a los encuestados, fueron estos:

Y los resultados obtenidos, tras describir un episodio de cada programa a los encuestados, fueron estos:

Ranking por décadas
Valores 1967 1977 1987 1997 2007
Fama 15 13 15 15 1
Éxito 10 14 8,5 10,5 2
Popularidad 5 5 7 6 3
Imagen 3 2 4 3 4
Éxito financiero 12 15 10 12 5
Egocentrismo 9 10 3 9 6
Poder 11 11 5 10,5 7
Autoaceptación 6 3 1 5 8
Forma física 16 12 16 16 9
Hedonismo 14 9 13 14 10
Sentido de comunidad 1 1 2 1 11
Benevolencia 2 7 6 2 12
Conformidad 8 6 14 8 13
Seguridad 7 8 8,5 7 14
Tradición 4 4 11 4 15
Espiritualidad 13 16 12 13 16

La columna de valores está ordenada de más a menos importantes según los resultados de 2007. En resumen: cuando los millennials cogieron el mando a distancia, le dimos la vuelta a la tabla. Ser famoso y exitoso, gustarle a la gente, tener una reputación y hacer dinero son los cinco valores más importantes que transmiten American Idol y Hannah Montana, los programas que vieron en la pubertad los que ahora tienen 20 años.

15 minutos de fama

Volviendo a las celebrities de Instagram, para acabar donde empezamos, no debemos olvidar que para ellas es un trabajo. Se dan un baño de fans y las marcas lo patrocinan. Y ocurre que, para el común de los mortales, convertirse en un viral no es una profesión, son “15 minutos de fama”.

Lo que quiero decir es que, levantar de la nada una notoriedad y que la gente te admire o se ría contigo es muy gratificante, incluso puede que sea una nueva vía para realizarse como persona; pero convertir la idea de ser popular en una responsabilidad, puede ser peligroso para nuestra estabilidad emocional. Quizá al final consigamos ser tan famosos como Kim Kardashian, pero mientras tanto lo mejor es no descuidar nuestro entorno “de carne y hueso” y guardar el móvil cuando estamos con los que nos rodean.

Un artículo publicado en genbeta

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