Olvídese del smartphone, esto es lo que de verdad hace de usted un vicioso yonqui digital

No es el smartphone que tiene permanentemente en su mano (a la que se ha adosado como una suerte de protuberancia) la que le ha convertido en cautivo de sus preocupantes adicciones digitales. Tampoco el tablet ni el portátil tienen en realidad culpa de nada.

De que usted sea un auténtico yonqui de la tecnología tampoco son responsables ni Apple ni Google. ¿Sobre quién hay que depositar entonces la culpa?

El auténtico responsable de nuestras adicciones digitales es nuestro afán (a todas luces excesivo) de recopilar feedback (en versión micro) sobre nosotros mismosDiferentes expertos han concluido que estamos permanentemente buscando el feedback de los demás y que ese anhelo es claramente adictivo.

No son, por lo tanto, los gadgets que nos rodean los que han hecho de nosotros unos auténticos adictos. De nuestra adicción son responsables las “micro recompensas” por las que suspiramos impenitentemente en las procelosas aguas de la red de redes (aquella a la que nos conectan smartphones y otros dispositivos).

Lo que realmente nos excita no es tanto subir una foto o un vídeo a las redes sociales como las respuestas generadas por nuestras publicaciones en estas plataformas.

Estamos enganchados a las recompensas digitales. Cada una de ellas segrega una minúscula cantidad de dopamina en nuestro cerebro. ¿Lo mejor? Que pese a su diminuta concentración en dopamina, estas recompensas digitales tienen lugar cada pocos segundos.

El micro-feedback obtenido a través de apps como Instagram y Snapchat emparenta directamente con nuestro deseo intrínsecamente humano de ser reconocidos por los demás.

En una sociedad cada vez más insular y deliberadamente aislada buscamos el feedback en nuestros teléfonos móviles porque rara vez obtenemos ese feedback en persona.

Y cuando nuestros posts en las redes sociales son ignorados y no logran ningún tipo de respuesta, echamos de menos la dopamina que realza nuestro estado de ánimo y nos sentimos por esta razón inexplicablemente deprimidos.

¿Qué podemos hacer entonces para evitar caer en el círculo vicioso de las adicciones digitales? Una buena opción podría ser programar cuidadosamente nuestras sesiones de acceso a los social media, explica John Brandon en un artículo para Inc. ¿El problema? Que cuando el tedio nos acecha, la manera más simple de combatirlo parece ser zambullirnos en las redes sociales. Es este tipo de comportamiento, sin embargo, el que nos transforma en auténticos zombis digitales.

Una segunda alternativa para plantar cara las adicciones digitales es tomarse de vez en cuando un asueto de las redes sociales y examinar cómo impactan tales “vacaciones” en nuestro día a día y en la manera en que interactuamos con otras personas (en el mundo real).

Pero quizás lo más eficaz sea simplemente constatar que estamos efectivamente aprisionados en un bucle de “micro recompensas”. Son ellas las que nos causan problemas, no los dispositivos electrónicos donde éstas encuentran acomodo. Y cercenarlas sustituyéndolas por interacciones realmente significativas es nuestra verdadera tabla de salvación, concluye Brandon.

Vía: Marketing Directo

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